La nafta vuelve a pisar el acelerador: el crudo por encima de los USD 100 recalentó la inflación mayorista de septiembre
El barril cerró la semana con una suba superior al 11% y el INDEC reportó un incremento de 3,2% en los precios mayoristas, el registro más alto desde abril. Petróleo y gas aportaron casi el 45% de la variación.
El precio internacional del petróleo volvió a cruzar un umbral psicológico que suele traducirse, tarde o temprano, en los surtidores argentinos: el viernes 16 de octubre cerró por encima de los USD 100 el barril, tras acumular una suba de más del 11% en la semana (Bloomberg). El movimiento se explica por una combinación de factores que el mercado venía descontando, pero que terminaron por converger en la misma dirección: los inventarios de crudo en Estados Unidos cayeron 8,56 millones de barriles en la semana finalizada el 9 de octubre (Administración de Información Energética de ese país) y el tránsito marítimo por una zona clave del abastecimiento global se redujo de 17,15 a 11,62 millones de barriles diarios.
Como es habitual en la sección, vamos a los números. El INDEC informó que el índice de precios internos al por mayor (IPIM) de septiembre registró una suba de 3,2%, la cifra más alta desde abril de este año, cuando había tocado 3,6%. La comparación con la campaña anterior —es decir, con septiembre de 2024— muestra una desaceleración, ya que en aquel mes el guarismo había sido de 4,2%. Sin embargo, el dato del noveno mes de 2026 confirma que la dinámica inflacionaria de los mayoristas volvió a acelerarse tras el piso de 1,8% registrado en julio.
Petróleo y gas, casi la mitad de la suba
Dentro del desglose por divisiones, petróleo crudo y gas natural aportó 1,43 puntos porcentuales al índice general, lo que representa cerca del 45% de la variación mensual de 3,2%. Se trata del impulso sectorial más relevante del mes y duplica con holgura la incidencia de la segunda división con mayor aporte. La transmisión al consumidor final llega por el canal más visible: las estaciones de servicio. YPF opera con un mecanismo de ajuste parcial que amortigua parte del traspaso del precio internacional a los surtidores, pero cuando el barril sube con fuerza —como ocurrió en las últimas ruedas— el precio en pizarra termina reflejando al menos una porción del movimiento internacional, con el rezago propio de la dinámica de formación de precios en el mercado argentino de combustibles.
El otro lado: viento a favor para la balanza energética
La suba del crudo, en tanto, representa un envión favorable para las exportaciones del sector. En los primeros ocho meses de 2026, la balanza comercial energética acumuló un superávit de USD 7.834 millones, una cifra que ya supera el saldo positivo de todo 2025 y que, de mantenerse la cotización en estos niveles, podría ampliarse hacia el cierre del año. El contraste con la campaña anterior es elocuente: en el mismo período de 2025, el sector había cerrado con un resultado positivo sensiblemente menor, lo que da cuenta del aporte del precio internacional a la mejora del frente externo energético.
Sobre lo que falta saber, las proyecciones del mercado marcan el rumbo que puede esperarse hacia adelante. Goldman Sachs Research estima que el Brent podría ubicarse cerca de los USD 90 el barril en diciembre de 2026 y promediar los USD 80 durante 2027, a partir de una recuperación gradual del suministro desde la región del Golfo Pérsico y de un mercado mundial que pasaría a registrar superávit desde el cuarto trimestre de 2026. Los analistas de esa entidad estiman que una prima de riesgo de aproximadamente USD 25 por barril sostiene hoy parte de la cotización; si esa prima se reduce en los próximos meses, el efecto sobre los precios locales podría ser favorable, aunque el traslado a los surtidores suele operar con su propio rezago y depende, además, del esquema de ajustes que aplique la principal productora del país.
Hasta tanto no se normalice el cuadro de abastecimiento internacional, el costo del crudo seguirá siendo una variable de peso en la formación de precios de la industria, el transporte y la logística, y por esa vía, en el surtidor y en la góndola. El desafío de política económica, en este contexto, es administrar la tensión entre un ingreso extra de divisas por exportaciones energéticas y una presión adicional sobre los costos que termina recalentando, como acaba de verse, la inflación mayorista.
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