«La isla olvidada»: dos pibas, un montón de mundos y la DreamWorks mirando al Pacífico
La nueva película animada se mete en Filipinas con el sello del estudio de «Shrek» y «Kung Fu Panda», pero el corazón del asunto son las ganas de una amistad que se pelea contra la distancia.
A veces una película de animación funciona como el colectivo de las siete de la mañana: te sube sin pedirte permiso y te deja en un lugar al que no ibas. Eso me pasó con «La isla olvidada», la apuesta que DreamWorks acaba de mandar al mundo y que tiene una particularidad rara para el estudio: en vez de mirar a Europa o a China, pone el ojo en Filipinas. Y ojo, no es un decorado: las costumbres y la identidad del país están metidas en el relato con la misma naturalidad con la que uno se toma un cortado en un bar de Congreso.
La cosa arranca con Raissa y Jo, dos pibas adolescentes que cargan con la mochila más pesada de todas: tienen que separarse. La amistad que las une aparece como ese patio de colegio que uno cree que va a durar para siempre y después se descubre que no. La película usa la fantasía para no caer en el dramón barato: las pibas viajan de mundo en mundo, se cruzan con personajes de todo tipo y van armando, como quien no quiere la cosa, una pequeña tribu de amigos.
Una villana, mil mundos y un ritmo que no te da respiro
(Acá es donde uno se acuerda de cuando jugaba en la plaza hasta que se hacía de noche y la madre gritaba por la ventana.) Lo que sostiene la película no es el conflicto con la villana, que también está y cumple su rol de querer arruinar la fiesta, sino el vínculo entre las protagonistas. Ese vínculo es el que le da peso a las secuencias de acción y a los cambios de escenario que se suceden a velocidad de tren.
La propuesta visual mezcla estilos de animación y se apoya mucho en el humor físico, esos chistes que nacen del movimiento de los personajes y no de un guion que intenta explicar el chiste. Hay, además, referencias a series de los ochenta que funcionan como guiño para el público grande que lleva a los chicos al cine y se sienta con la bolsa de pochoclos a hacer memoria.
En el plano narrativo, la película se anima a tocar temas sensibles: la separación, el trauma, el peso de los recuerdos cuando un vínculo cambia. Pero lo hace sin solemnidad. Los personajes no son héroes de manual, sino gente con sus mocos y sus miedos, lo cual los hace bastante más cercanos que muchos protagonistas de la última década del género.
Adolescencia con varita y trinchera
Lo que más me enganchó es que la fantasía es apenas el marco. En el fondo, «La isla olvidada» cuenta algo que cualquier pibe de cuarenta y tantos conoce bien: cómo se siente cuando un amigo se muda, cuando un grupo se separa, cuando los recuerdos se vuelven el único territorio común. Y lo cuenta con la desfachatez visual del estudio que nos trajo a Shrek, pero con un corazón más entrado en años.
- «Robot Salvaje»: la nueva del estudio, ideal para ir con gurises que están empezando a preguntarse qué es el mundo.
- «Mi amigo el dragón»: tierna y con el ritmo justo para una tarde de domingo en familia.
- «Unidos»: esos pequeños seres que parecen sacados de un cuento de hadas y terminan enseñando algo sobre la convivencia.
- «Los Mitchell contra las máquinas»: descontrolada, divertida y con un corazón geek que la hace ideal para adolescentes.
- «Kung Fu Panda 2»: si querés ver de qué viene la mano del estudio cuando mete reflexiones sobre el crecimiento personal.
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