La final se ahogó en Rosario: Argentina y Paraguay se sacaron cero y van a los penales por el oro
El estadio Marcelo Bielsa fue escenario de un partido chato, con la Albiceleste desperdiciando chances claras y la Albirroja aguantando con diez por la roja a Thiago Fernández. La medalla dorada se define desde los doce pasos.
A los 37 del segundo tiempo, Tulián la puso en el corazón del área, Jainikoski se sacó de encima a su marca y la cruzó con el empeine. La pelota pasó besando el palo, tan cerca que se escuchó el suspiro de todo el Marcelo Bielsa. Esa fue la jugada que definió el partido: no por haber entrado, sino por no haber entrado. La Argentina de Placente mereció ganar, generó, insistió, pero se topó con un palo, con las manos de Sosa y con sus propios nervios.
El cero a cero no miente del todo, pero tampoco cuenta la historia completa. Paraguay se plantó con el mismo plan con el que le había ganado 2-1 en el Grupo B: esperar, replegarse y pegar de contra. Esta vez le salió a medias, porque la Albiceleste lo apretó de lo lindo durante el complemento, pero le alcanzó para llegar al final con vida. Eso sí, lo hizo con diez hombres: Thiago Fernández se fue expulsado a los 29 del segundo tiempo por una segunda amarilla que dejó al conjunto de Alcaraz con el corazón en la boca.
Lo que dejó el partido en Rosario
- Argentina fue superior en el segundo tiempo y generó al menos tres chances clarísimas, incluido un remate de Jainikoski al palo.
- Jainikoski y Tulián, los dos cambios del entretiempo, fueron los dueños de los mejores minutos argentinos.
- Paraguay terminó con diez por la expulsión de Thiago Fernández, pero sostuvo el empate con orden y oportunismo.
- El arquero Leonardo Sosa fue figura en Paraguay y le ahogó el grito a Subiabre en la primera etapa.
- Perú se quedó con el bronce tras vencer 2-1 a Chile en el partido previo a la final.
El primer tiempo había sido un toma y daga con más fricción que fútbol. Subiabre arrancó enchufado y armó una jugada que terminó con Domínguez asistiéndolo, pero el pibe definió mal y Sosa le sacó el gol con el cuerpo. Después vino la respuesta de la Albirroja con una volea de Zarza que pasó cerca del ángulo. Y antes del descanso, una trifulca entre jugadores que dejó amonestados a Subiabre, Gamarra y Leguizamón. La tribuna, mientras tanto, se desgañitaba con un cantito que se repetía en cada córner: "Vamos, vamos, Argentina". Como si el aliento pudiera empujar la pelota.
En el complemento, cuando el partido pedía a gritos que alguien lo rompiera, aparecieron los cambios de Placente. Tulián por la izquierda fue un dolor de cabeza para la defensa paraguaya, y Jainikoski, cada vez que recibió cerca del área, hizo temblar el arco rival. Hasta que llegó la del palo. Y después, otra combinación entre Domínguez y Tulián que terminó con un disparo cruzado que se fue ancho, por poquito. Paraguay contestaba con el oficio de siempre: Zarza se filtraba y le servía a Gamarra, pero Leguizamón respondía cada vez con solvencia.
Cómo llegaron a la final
Argentina había vencido 1-0 a Uruguay y empatado 1-1 con Venezuela en la fase de grupos, avanzando de agache por diferencia de gol. En semifinales le ganó a Perú con un gol de Santiago Espíndola sobre el cierre, un gol de esos que te dejan con el corazón en la garganta. Paraguay, en tanto, llegó al partido por el título después de superar 1-0 a Chile. El dato no es menor: es la segunda vez que se cruzan en el torneo, y en la primera se llevó los tres puntos la Albirroja.
Lo que viene es lo que nadie quiere pero todos imaginan: la tanda de los penales. Cinco disparos desde los doce pasos que van a definir quién se cuelga la medalla dorada y quién se vuelve a casa con la plateada. La Argentina tiene con qué, claro que sí. Pero también tiene la mochila de haber perdonado cuando había que meterla. Paraguay, en cambio, llega con el escudo del que ya sabe ganar este tipo de series. Veremos quién la mete. Porque hoy, en Rosario, ninguno de los dos la pudo meter.
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