La cuenta regresiva de los 90 días: cuando la medicación empieza a pasar factura en el cuerpo
Un estudio sobre casi 97.000 pacientes ingleses muestra que el azúcar en sangre y el peso se disparan en el primer trimestre con antipsicóticos de segunda generación. Los especialistas piden medir antes de empezar y no perder de vista ese período crítico.
Me crucé con Daniela una mañana cualquiera, en la sala de espera de un centro de salud del conurbano bonaerense. Tenía 52 años, un diagnóstico reciente de trastorno bipolar y un papelito en la mano donde su psiquiatra le había anotado, con letra prolija, el nombre de un antipsicótico de segunda generación. Venía a hacerse los análisis de control que le habían pedido antes de empezar a tomar la medicación, y me dijo algo que me quedó resonando: 'Yo pensé que lo peor era el tema de la cabeza, no que me iban a tener que pinchar para ver el azúcar'. Esa frase, casi sin querer, resume el corazón de un hallazgo que acaba de aparecer publicado en The Lancet Psychiatry y que cambió varias de las certezas que se tenían hasta ahora sobre estos fármacos.
La investigación, que es una de las más grandes hechas hasta el momento sobre el tema, siguió durante más de dos décadas a casi 97.000 adultos ingleses que comenzaron un tratamiento con antipsicóticos de segunda generación entre 2000 y 2023. El equipo liderado por Juan Carlos Bazo-Alvarez, investigador y docente de University College London, no se quedó con los promedios generales: se propuso mirar con lupa qué pasaba en el cuerpo de los pacientes antes y después de empezar a tomar la medicación, y en particular durante los primeros 90 días.
Una aceleración que no distingue sexo ni diagnóstico previo
Lo que encontraron es, cuanto menos, inquietante. Durante ese primer trimestre, el azúcar en sangre de los pacientes subió aproximadamente 14 veces más rápido que en los meses previos al tratamiento, y el peso corporal lo hizo cerca de 9 veces más rápido. No es un cambio menor: es un salto brusco en dos indicadores que, cuando se descontrolan, abren la puerta a problemas cardiovasculares, diabetes tipo 2 y un largo listado de complicaciones que cuesta muchísimo revertir.
- Olanzapina: el azúcar en sangre creció unas 50 veces más rápido y el peso unas 10 veces más rápido en los primeros 90 días.
- Mujeres: el azúcar en sangre subió unas 24 veces más rápido en el primer trimestre, contra unas 10 veces en los varones.
- Personas con prediabetes previa: el 19% desarrolló diabetes tipo 2 dentro de los dos años siguientes, frente al 3% de quienes arrancaron con glucemia normal.
- Fármacos analizados: olanzapina, quetiapina, risperidona y aripiprazol, todos de uso habitual en Argentina.
De los cuatro medicamentos que se pusieron bajo la lupa, la olanzapina fue la que mostró los cambios más pronunciados, tanto en azúcar como en peso. Pero el dato más importante, el que a mí me parece que tiene que cambiar la conversación en los consultorios, es otro: quienes ya tenían prediabetes al momento de empezar el tratamiento terminaron desarrollando diabetes tipo 2 en uno de cada cinco casos dentro de los dos años siguientes. En cambio, entre los que partían con niveles normales de glucosa, esa proporción bajó al 3%. La diferencia es enorme y, sobre todo, es evitable si se detecta a tiempo.
“Nuestro estudio muestra que los primeros 90 días después de comenzar el tratamiento son un período clave en el que pueden comenzar los cambios relacionados con la diabetes y el aumento de peso. Con esta información en mente, los profesionales de la salud deberían verificar tanto el peso como el nivel de azúcar en la sangre antes de comenzar el tratamiento y nuevamente durante los primeros meses posteriores.”Juan Carlos Bazo-Alvarez, investigador principal y docente de University College London
Volví a pensar en Daniela mientras leía el trabajo. Ella tenía glucemia normal en el primer análisis, pero también un índice de masa corporal por encima de lo recomendable y una madre diabética. Si los números que manejaron los investigadores ingleses se replican en nuestro medio, su riesgo de tener alteraciones metabólicas serias en los próximos meses es alto. Y lo más doloroso es que, en muchos casos, ese riesgo pasa inadvertido porque la consulta psiquiátrica y la consulta clínica siguen corriendo por carriles separados.
La detección temprana como mejor herramienta
El propio Bazo-Alvarez fue claro al respecto: verificar de manera temprana permite a los médicos detectar problemas antes de que se instalen y ofrecer apoyo, consejos o tratamiento para ayudar a prevenir problemas de salud más graves más adelante. En otras palabras, no se trata de dejar de medicar ni de generar alarma innecesaria, sino de entender que el primer trimestre es una especie de ventana de oportunidad para cuidar el cuerpo tanto como se cuida la cabeza.
En el consultorio, eso se traduce en algo bastante concreto: pedir una glucemia en ayunas, una hemoglobina glicosilada, un perfil lipídico y un registro de peso y de cintura antes de empezar a tomar el antipsicótico, y repetir esos controles al mes, a los tres meses y cada seis meses mientras dure el tratamiento. No es un capricho: es la forma más directa de evitar que un medicamento que mejora la salud mental termine abriendo la puerta a una enfermedad crónica que deteriora la calidad de vida durante décadas. Como me dijo esa mañana Daniela, mientras guardaba la orden de los estudios en la cartera: 'Si me cuidan el cuerpo mientras me cuidan la cabeza, yo juego entero'. Tiene razón.
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