La cafeína sin control: cómo una costumbre de la casa puede arruinarles la noche a los adolescentes
Tres investigadoras de Yale repasaron las señales de alerta, los productos que muchos padres no cuentan y los horarios que conviene respetar. Un mapa concreto para entender por qué un chico cansado puede estar tomando más café del que parece.
Cuando Mariana se sentó a la mesa y vio que su hijo de quince años tenía otra vez ojeras profundas y se le caía la cabeza sobre el cuaderno, pensó, como cualquier madre, que estaba estudiando hasta tarde o que le había agarrado una de esas gripes que circulan en el secundario. Lo que no se le cruzó por la cabeza, hasta que un día lo encontró con un sobre saborizado de un conocido café instantáneo y un par de chicles de menta en la mano, fue que el problema podía estar en algo mucho más cotidiano y mucho menos inocente: la cantidad de cafeína que su hijo acumulaba sin saberlo a lo largo del día. Esa escena, que se repite en miles de hogares argentinos, es exactamente la que pusieron bajo la lupa tres especialistas de la Universidad de Yale, que en distintas entrevistas coincidieron en advertir que la cafeína puede empeorar, y bastante, el descanso y el cansancio en los adolescentes, en lugar de solucionarlos.
Señales que conviene mirar en casa
- Dificultades para conciliar el sueño o para mantenerlo durante la noche.
- Nerviosismo, temblores y una inquietud que no se explica por otras causas.
- Palpitaciones, molestias digestivas y caídas en el desempeño escolar.
- Una dependencia que se retroalimenta: más cansancio de día, más consumo de noche, peor descanso al siguiente.
La neumonóloga y especialista en sueño Sabhyata Agrawal, de Yale, fue clara al explicar que un exceso de cafeína en los más chicos puede provocar palpitaciones, problemas digestivos, una sensación de inquietud difusa y ansiedad, y que muchas veces los padres llegan a la consulta pensando en otra cosa y terminan descubriendo que el origen está en la pava o, mejor dicho, en todo lo que parece café y no lo parece tanto.
La cafeína escondida: no todo es el café de la taza
Para dimensionar cuánto consume un adolescente, alcanza con revisar lo que tiene en la mochila. La cafeína no vive solo en el café de filtro o en el cortado que se toma un domingo a la tarde: está presente en las bebidas energéticas, en muchas gaseosas, en el chocolate, en los chicles con cafeína y, sobre todo, en esos sobres saborizados que se diluyen en agua caliente o fría y que suelen pasar como un producto inofensivo, casi recreativo. Grace Kong, profesora asociada de Psiquiatría de Yale, explicó que esos sobres pueden aportar entre 50 y 200 miligramos de cafeína por unidad, una cifra que multiplicada por dos o tres a lo largo del día deja al cuerpo en una zona de riesgo sin que nadie en la casa se haya dado cuenta. Los sabores dulces y frutales, agregó, disimulan el amargor propio de la cafeína y terminan funcionando como una puerta de entrada casi irresistible para los más jóvenes, que los prueban porque saben rico y los repiten porque el cuerpo les pide otro.
La trampa del horario
El dato que más me sorprendió cuando leí el material es el del horario, porque cambia por completo la conversación familiar. Según la doctora Agrawal, la cafeína empieza a hacer efecto entre treinta y cuarenta y cinco minutos después de tomarla, pero su vida media dentro del organismo es larga: entre cinco y seis horas más tarde todavía queda aproximadamente la mitad de lo que se ingirió. Eso significa que un café o un sobre saborizado consumido a las cinco de la tarde sigue trabajando en el cuerpo a las once de la noche, cuando el adolescente intenta dormir. La recomendación concreta de la especialista es evitar la cafeína a partir de las trece o las catorce, según el horario habitual en que cada chico se acuesta, una regla simple pero que choca de lleno con la cultura de estudiar a la tarde con un mate cocido cargado o con una lata de bebida energética al lado de la compu.
Y acá aparece otro factor que suele olvidarse: en la adolescencia el reloj biológico se corre de manera natural hacia horarios más tardíos, lo que vuelve más difícil dormirse y, sobre todo, levantarse temprano para ir al colegio. Si al día siguiente el chico está agotado, la respuesta intuitiva -y la que muchos padres terminan ofreciendo- es tomar algo que despierte, pero ese alivio momentáneo vuelve a retrasar el sueño y vuelve a aumentar el cansancio del día siguiente. Es un círculo que, como me dijo una pediatra amiga cuando le conté el tema, se rompe por un solo lado: el de la primera ingesta que se evita.
Qué recomiendan las especialistas de Yale
- Evitar la cafeína antes de los dieciocho años y sacar de la alimentación de niños y adolescentes las bebidas energéticas, como planteó Jennifer Jiyun Park, investigadora del Departamento de Psiquiatría de Yale.
- Revisar etiquetas y sumar al cálculo las gaseosas, el chocolate, los chicles y los sobres saborizados, que pueden aportar entre 50 y 200 miligramos por unidad.
- Cortar el consumo a partir de las 13 o las 14, teniendo en cuenta que la cafeína sigue activa en el cuerpo entre cinco y seis horas después de tomarla.
- Prestar atención al consumo durante los videojuegos nocturnos, donde la cafeína se mezcla con la luz de las pantallas y con la costumbre social de tomar algo mientras se juega en línea, como advirtió Park.
- Hablar con los adolescentes sobre cantidades y efectos, en lugar de prohibir sin explicar, porque las recomendaciones de adultos no se trasladan de manera directa a los más chicos, según insistió Agrawal.
La propia Sabhyata Agrawal resumió la idea de fondo con una frase que, me parece, vale la pena guardar en la cocina de cualquier casa con un adolescente dando vueltas: si tu hijo está cansado, nervioso y le cuesta dormir, antes de buscar un estimulante que le tape el síntoma, conviene mirar con cuidado todo lo que toma durante el día, porque la respuesta al agotamiento no puede ser otra dosis de lo que lo está causando.
“Si tu hijo está cansado, nervioso y le cuesta dormir, antes de buscar un estimulante que le tape el síntoma, conviene mirar con cuidado todo lo que toma durante el día.”Sabhyata Agrawal, neumonóloga y especialista en sueño de Yale
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