Iván Ramírez se sacó las pelucas y ahora quiere cantar como Iván Ramírez
El humorista se metió en Es mi sueño, el ciclo de Guido Kaczka, para competir como cantante y no como imitador. Una rareza en su carrera, que incluye más de 150 personajes, cuatro horas de prótesis y una propuesta para desembarcar en Mar del Plata con un unipersonal.
Hay algo casi deportivo en ver a un imitador subir a un escenario sin disfrazarse. Como si a un arquero le pidieran que meta goles con los pies descalzos. Eso es lo que le está pasando a Iván Ramírez en Es mi sueño, el programa que conduce Guido Kaczka, donde él mismo aceptó un lugar que, a priori, no era el suyo: el de concursante cantor, sin la muleta de transformarse en otro.
“Lo primero que pensé es: no sé cantar con mi voz”, le contó Ramírez a quien se lo preguntó, todavía medio incrédulo. El razonamiento tiene lógica: lleva años entrenando su aparato vocal para ponerlo al servicio de personajes ajenos, no para exponer el suyo. Ahora, con el equipo de entrenamiento vocal del ciclo, está trabajando justo en eso: en usar su registro sin la excusa de la imitación.
Del convite a la sorpresa
La convocatoria lo descolocó. Ramírez imaginaba que lo llamarían para sumar algún bloque de imitaciones, no para ofrecerle un silla entre los cantantes. Y no es la primera vez que cruza camino con Kaczka: a los 17 años había participado en Hacelo feliz, donde se animó a hacer de Dread Mar I. Esta vez el juego es al revés: dejar la peluca en el camarín y mostrar quién hay debajo.
El cuidado técnico, dice, no es un capricho. Como su trabajo habitual le exige cambiar de voz permanentemente, necesita entrenar ese músculo con una guía. Algo así como un atleta que, en vez de correr distintas pruebas, ahora se especializa en una sola.
Más proyectos, mismo ritmo
- Participa en Es mi sueño, conducido por Guido Kaczka, como concursante cantor.
- Forma parte del elenco de Viralizados.
- Estrenó el ciclo de streaming Iván y vienen.
- Recibió una propuesta para presentar un unipersonal en Mar del Plata.
- Sigue activo en eventos con su repertorio habitual de imitaciones.
Lo que no cambia es su veta imitadora. Calcula que su catálogo supera los 150 personajes, un archivo que va de figuras del espectáculo a deportistas y hasta dibujos animados. El método, según él mismo lo describe, empieza lejos del maquillaje: primero observa cómo piensa cada uno, qué le interesa, cómo se mueve por el mundo. Recién después viene la voz, los gestos y, al final, la peluca y el vestuario.
Esa cadena tiene costos nada glamorosos. Colocar una prótesis puede demandar un mínimo de cuatro horas; desmaquillarse, otras dos. Trabaja con pelucas de cabello natural y con un equipo que le cose la ropa de cada personaje. Detalles que, vistos desde un escenario, parecen magia, y que en el backstage son pura maña y logística.
Los orígenes, según cuenta él
“A los 14 interpretó a Lía Crucet en el cumpleaños de una amiga, con un vestuario cosido por su bisabuela. De esa fiesta salieron tres contrataciones para otros eventos.”Iván Ramírez
Como quien no quiere la cosa, esa primera imitación le terminó marcando el rumbo. Lo que empezó como un favor casero, con costura familiar incluida, se transformó en oficio. Y ahora, varios lustros después, lo trae hasta un jurado que lo escucha sin la careta de nadie.
La recomendación, si alguien quiere entender de qué se trata esta pulseada, es bien concreta: sigan Es mi sueño para ver cómo le va a Ramírez compitiendo con su propia voz, y si andan por Mar del Plata en temporada, estén atentos al anuncio del unipersonal, que pinta como un buen termómetro para saber si el humorista se anima a subirse al escenario también a cara descubierta. Mientras tanto, en Viralizados y en Iván y vienen, las pelucas siguen teniendo dueño.
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