El ovario no se apaga: una década después de la menopausia sigue trabajando en silencio
Un estudio de Northwestern y el Instituto Buck cuantificó más de 5.800 proteínas en tejido ovárico de mujeres de entre 50 y 75 años y demostró que el órgano cambia de función, pero no queda inactivo. Los cambios se acentúan después de los 70.
Me lo contó Marta, mientras tomábamos un café en una confitería de la calle Corrientes, y la frase me quedó dando vueltas: "Yo pensé que después de la menopausia los ovarios ya no servían para nada". Marta tiene 63 años, es jubilada docente, y llevaba un rato relatándome con una mezcla de alivio y curiosidad lo que había leído sobre un estudio reciente que asegura exactamente lo contrario: el ovario no se jubila con la menopausia, ni se apaga, ni queda reducido a una reliquia hormonal. Sigue activo, aunque ya no fabrique óvulos, y lo que hace es otra cosa: reorganizarse, inflamarse, defenderse, repararse. Esa es, al menos, la conclusión central de un trabajo publicado en la revista Aging Cell, llevado adelante por equipos de la Universidad Northwestern y del Instituto Buck para la Investigación del Envejecimiento, ambos en Estados Unidos.
Lo que me interesó, y por eso me senté a escribir esta nota, es que la investigación no se quedó en una afirmación general: puso números concretos sobre la mesa. Los investigadores analizaron 28 muestras de tejido ovárico sin patología maligna, obtenidas de mujeres operadas por indicaciones benignas, con edades que iban de los 50 a los 75 años. Las dividieron en tres franjas (de 50 a 59, de 60 a 69 y de 70 en adelante) y las sometieron a una técnica llamada espectrometría de masas, que permite identificar y cuantificar proteínas. El resultado fue un mapa de 5.812 grupos de proteínas, una cifra que a mí, que vengo del periodismo y no del laboratorio, me suena a un inventario enorme de lo que pasa adentro de un órgano cuando ya nadie lo mira.
Qué cambia con los años, según las proteínas
- A mayor edad, aumentan las proteínas asociadas a la inflamación y a la respuesta inmunitaria innata, es decir, las defensas más antiguas del organismo.
- Aumentan también las proteínas vinculadas al recambio de la matriz extracelular, esa red de moléculas que sostiene a los tejidos como un andamio.
- Disminuyen, en cambio, las proteínas relacionadas con la arquitectura celular, los filamentos estructurales y las queratinas, que son las piezas que mantienen la forma de las células.
- En el grupo de 70 años o más se identificaron 117 proteínas con cambios relevantes respecto de las mujeres de 50 a 59: 84 bajaron y 33 subieron.
Dicho en un lenguaje más llano, lo que el estudio describe es un órgano que deja de cumplir la función reproductiva para la que la biología lo diseñó, pero que no se queda quieto: pasa de mantener su estructura a dedicar buena parte de su energía a procesos de reparación, señalización y defensa. Es como si el ovario, ya sin óvulos, reorientara su trabajo hacia otro lado.
Una de las voces que más me resonó fue la de Francesca Duncan, profesora asociada de Ciencias Reproductivas en la Facultad de Medicina Feinberg de Northwestern y coautora del trabajo. Lo que ella explicó, y que a mí me parece clave para entender por qué este tema importa más allá de los laboratorios, es que la fertilidad se pierde cuando se acaban los óvulos, pero eso no significa que el órgano quede sin función. Los cambios, dijo Duncan, continúan a lo largo de las décadas posteriores a la menopausia, y eso obliga a repensar qué entendemos por "ovario envejecido".
Hay un dato del estudio que me parece especialmente delicado y vale la pena contar con cuidado: los investigadores compararon los perfiles de proteínas con datos de investigaciones previas sobre cáncer de ovario y encontraron que las muestras del grupo de 60 a 69 años mostraban mayor presencia de algunas proteínas que habían sido vinculadas a ese tipo de tumor, justo en la franja etaria cercana a la edad mediana de diagnóstico. Los autores aclararon de manera tajante que ninguna de las muestras analizadas en este trabajo tenía signos de cáncer y que la coincidencia no debe leerse como una señal de enfermedad, sino como una pista para futuras investigaciones. Es, si se quiere, un llamado de atención sobre algo que todavía no entendemos del todo.
Cuando le conté todo esto a Marta, ella se quedó pensando un momento y después me dijo algo que, me parece,resume el corazón de la nota mejor que cualquier párrafo mío: "Entonces resulta que el ovario no se jubila, se reinventa". A mí, como periodista y como lectora, eso me deja con una sensación muy concreta: que todavía queda mucho por aprender sobre el cuerpo de las mujeres después de la menopausia, y que cada estudio serio que aparece nos obliga a actualizar lo que creíamos saber.
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Corriente Rioja