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MAR, 20 OCT 2026
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El Batman que nunca vimos: Affleck tenía una película y la mataron antes de filmarla

Las memorias de Joe Manganiello destapan el guion que el propio Ben Affleck quería escribir, dirigir y protagonizar: Deathstroke como villano, la muerte de Gordon, una Batgirl nueva y un clímax calcado del videojuego Arkham Origins. Una historia de ciencia ficción industrial que terminó en la papelera de Hollywood.

GB
Gonzalo BazánCultura y espectáculos · · lectura 3 min
El Batman que nunca vimos: Affleck tenía una película y la mataron antes de filmarla

Vayan preparando el café bien cargado, porque lo que cuenta Joe Manganiello en Bloodlines: A Memoir es de esas cosas que a uno, como fan viejo y cansado del género, le provocan una mezcla de euforia y bronca contenida. Resulta que durante un rato existió, sobre papel y en la cabeza de Ben Affleck, una película de Batman que sonaba a golazoazo: oscura, concreta, con Deathstroke como motor de la trama y una pelea final que iba a tomar como modelo nada menos que la cinemática de apertura de Batman: Arkham Origins. Después, como suele pasar en las grandes fábricas de superhéroes, el proyecto se fue al tacho y nadie volvió a hablar del tema. Hasta ahora.

La idea central, según el propio Manganiello, era bien de los noventa: una versión superheroica de The Game, aquel thriller de David Fincher en el que Michael Douglas terminaba corriendo detrás de su propia vida. En este caso, Slade Wilson, alias Deathstroke, aparecía en la vida de Bruce Wayne con una certeza que no admite réplica: estaba convencido de que Batman había matado a su hijo. Y a partir de ahí, a correr.

La trama que se rodó en ninguna parte

El relato, tal como lo reconstruye Manganiello en el libro, tenía tres paradas grandes. La primera: Deathstroke se cuela en la Baticueva, toma como rehén a Alfred Pennyworth y termina asesinando al comisionado Jim Gordon. La segunda: aparece en escena una Batgirl nueva, reclutada por un Bruce Wayne cada vez más arrinconado, y los dos se lanzan a enfrentar a Deathstroke en una pelea que los deja a los dos al borde del cajón, de la que sobreviven escapando en un tren elevado. La tercera, la frutilla del postre: un mano a mano entre Batman y Slade Wilson por las calles de Gotham, con Affleck confirmándole a Manganiello que esa secuencia iba aar directamente la citada cinemática de Arkham Origins, la del videojuego de 2013 que dirigió Tim Miller.

Y acá viene el detalle que duele, porque no es un rumor de pasillo: lo dice el propio actor que había sido elegido para ponerse el traje naranja y negro de Deathstroke. Affleck no solo quería protagonizar la película, también iba a escribirla y dirigirla. O sea, el paquete completo. Después, todos sabemos cómo siguió la historia: el guion seó, el personaje se reacomodó como pudo y, en 2022, terminó llegando The Batman con Robert Pattinson bajo la dirección de Matt Reeves, una película excelente pero completamente otra cosa.

“De la chimenea al carbón: el Batman de Affleck murió en los despachos antes de ver la luz de una marquesina.”Gonzalo Bazán
  • La irrupción de Deathstroke en la Baticueva y la toma de rehenes que incluía a Alfred.
  • El asesinato del comisionado Jim Gordon, un golpe de efecto clásico del género que acá tenía peso propio.
  • El ingreso de una Batgirl nueva, pensada para sumar aire fresco al elenco y darle una aliada a Bruce.
  • El clímax en las calles de Gotham, con Batman y Slade Wilson cruzándose en una pelea que tomaba como modelo visual la cinemática de Arkham Origins.

Mientras tanto, en el presente más cercano, el futuro del personaje en el nuevo universo de DC Studios que conducen James Gunn y Peter Safran incluye títulos como The Brave and the Bold y The Batman Part II. Son proyectos recién, con equipos por, y uno no puede evitar pensar que en algún cajón de Warner todavía debe quedar el borrador que Affleck nunca terminó de pulir. A veces, las mejores películas de superhéroes son las que nunca se hacen, porque quedan en la imaginación del lector con todos los planos posibles al mismo tiempo. Esta, claramente, era una de ellas. Si quieren hacer memoria buena del género, busquen Bloodlines: A Memoir de Manganiello, vuelvan a ver The Game de Fincher y dense el gusto de imaginar, durante un par de horas, qué hubiera pasado si Affleck se salía con la suya.

GB
Gonzalo BazánCultura y espectáculos

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