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MAR, 06 OCT 2026
Vida

Cuando los deseos de los padres pesan sobre los hijos: la mirada de Cynthia Wila sobre la culpa heredada

La autora de La culpa, editada por Paidós, recorre cómo las expectativas que madres y padres depositan en sus hijos pueden convertirse en mandatos difíciles de soltar, incluso cuando se expresan con afecto, y propone un camino de cuidado para revisarlos en la vida adulta.

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Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana · · lectura 2 min
Cuando los deseos de los padres pesan sobre los hijos: la mirada de Cynthia Wila sobre la culpa heredada

Me crucé con Cynthia Wila una mañana de estas, en un café de Palermo donde siempre hay ruido de cubiertos y conversaciones ajenas. La psicóloga llegó hasta poco con un ejemplar de su ensayo La culpa bajo el brazo y, antes de sentarse, me dijo con una sonrisa cansada que llevaba semanas dando vueltas sobre la misma idea: cómo las expectativas de los padres se vuelven, muchas veces, en una mochila que los hijos cargan sin darse cuenta. Yo fui a entrevistarla pensando en hablar de reproches, y terminé escuchándola hablar de deseos heredados, de mandatos que ni siquiera necesitan sonar duros para apretar el pecho.

Wila me explicó que muchas veces madres y padres depositan en sus hijos proyectos que ellos mismos no pudieron concretar, y que esos deseos pendientes viajan de generación en generación como si fueran un encargo. Desde su perspectiva, cumplir con lo que otra persona soñó para nuestra propia vida resulta una demanda imposible de satisfacer, por más buena voluntad que le pongamos. Lo dijo con una frase que se me grabó: no se trata de voluntad, se trata de vivir algo que no elegimos.

El peso del pedido cariñoso

Algo que me llamó la atención de la charla fue cuando la autora advirtió que no hacen falta palabras hirientes para generar una carga enorme en los hijos. Un pedido expresado con cariño, con ese tono dulce que solemos asociar con el afecto, puede dejar igual de abierta la inquietud por saber qué esperan los adultos y qué habría que hacer para obtener su mirada aprobatoria. Para Wila, esa búsqueda permanente de aprobación puede provocar angustia y una culpa difusa, que aparece sin que sepamos bien por qué.

“Algunas exigencias quedan asociadas al miedo a perder el afecto de quienes las transmiten, y entonces las decisiones de uno mismo quedan condicionadas por ese temor.”Cynthia Wila
  • Distinguir entre las normas que ayudan a convivir, por ejemplo las que limitan la agresividad, y los mandatos que restringen las elecciones personales.
  • Reconocer que las voces y los juicios recibidos durante la infancia pueden incorporarse como reproches propios en la adultez.
  • Revisar de qué se acusa cada persona, en lugar de sostener un cuestionamiento permanente sobre una misma.
  • Aceptar que la influencia de la familia, la educación, la religión y la cultura varía según las experiencias de cada uno.

Antes de irnos, le pregunté qué le diría a alguien que lleva años cargando con esa culpa heredada. Se tomó un rato, miró la taza de café, y respondió con algo que me pareció lo más honesto que dijo en toda la mañana: si uno se queda quieto y se pregunta de qué se está acusando, muchas veces descubre que está pagando por algo que nunca le correspondió.

VY
Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana

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