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MIÉ, 07 OCT 2026
Vida

Cuando el cuerpo se queda sin reservas: lo que puede pasar si bajás la grasa corporal más de la cuenta

Expertos en metabolismo y composición corporal explican por qué los porcentajes mínimos no son una meta en sí mismos, qué herramientas conviene usar para medirlos y qué señales delatan que se cruzó un límite. Una nota para repensar la obsesión por la definición muscular.

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Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana · · lectura 3 min
Cuando el cuerpo se queda sin reservas: lo que puede pasar si bajás la grasa corporal más de la cuenta

Yo estaba en el consultorio de Tamara Hew-Butler, investigadora de la Universidad Estatal de Wayne, cuando me mostró los números que durante años junto a su grupo de trabajo. Más de setecientos deportistas pasaron por la densitometría DEXA, ese estudio que diferencia con bastante precisión entre tejido graso, masa magra y masa ósea. Y los mínimos registrados no fueron el 1 o 2 por ciento que uno escucha por ahí cuando se habla de abdominales marcados: en los hombres el piso fue del 10 por ciento y en las mujeres, del 16. Es decir, bastante más alto de lo que circula en redes sociales y en las conversaciones de gimnasio.

El porcentaje, solo, no dice todo

Antes de seguir, vale una aclaración que parece obvia y sin embargo se olvida seguido: un número de grasa corporal, por sí mismo, no alcanza para contar cómo está compuesto el cuerpo. Influyen la edad, el sexo y, sobre todo, cómo se distribuye ese tejido adiposo. Una balanza de bioimpedancia puede dar resultados distintos según cuán hidratada esté la persona ese día, y los pliegues cutáneos, esos que se toman con un calibre en distintos puntos del cuerpo, no permiten conocer la grasa que envuelve los órganos, que suele ser la más relevante desde el punto de vista metabólico. La densitometría DEXA, en cambio, distingue entre los tres compartimentos, aunque necesita un equipo específico y suele ser costosa.

Qué puede pasar si las reservas caen demasiado

Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan, me explicó con un ejemplo sencillo lo que ocurre cuando una restricción calórica fuerte lleva esas reservas al piso. "El cuerpo puede recurrir al músculo para obtener energía", dijo. Y agregó que eso termina perjudicando tanto la generación de tejido óseo como su reparación. En los hombres, además, una alimentación insuficiente puede hacer caer la testosterona, y con ella la energía y el rendimiento. En algunas deportistas, los niveles demasiado bajos de grasa se relacionan con irregularidades menstruales o directamente con la falta de menstruación. Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford, completó la lista con un dato que a mí, la verdad, me llamó la atención: disponer de pocas reservas de grasa dificulta la respuesta del cuerpo frente a enfermedades infecciosas serias.

Por qué la grasa no es solo reserva

Estas consecuencias se entienden mejor cuando uno repasa para qué sirve el tejido adiposo. Además de guardar combustible para cuando hace falta, produce leptina, una hormona que le comunica al cerebro cuánta energía hay disponible. Si esa señal baja porque las reservas están en el suelo, el organismo empieza a relegar funciones para ahorrar recursos. Como me dijo Tamara en una de esas pausas que dejan las entrevistas largas: "El cuerpo no interpreta que estás Defining, interpreta que estás en problemas y empieza a recortar lo que puede recortar".

  • La grasa corporal cumple funciones hormonales y de reserva energética, no solo estéticas.
  • Una sola herramienta de medición no alcanza: bioimpedancia, pliegues y DEXA dan lecturas distintas.
  • El exceso tampoco es neutro: la grasa visceral, la que rodea los órganos, es la más ada con riesgos metabólicos.
  • Bajar demasiado puede afectar huesos, hormonas y hasta la respuesta del cuerpo ante infecciones.
  • El porcentaje adecuado depende de la edad, el sexo y la distribución, no de una cifra universal.

Y acá va algo que a mí me parece clave, y que la investigación reciente viene remarcando con fuerza: el exceso también importa, especialmente cuando la grasa se acumula alrededor de los órganos. A esa grasa se la llama visceral, y es la que más se asocia con problemas metabólicos. Es decir, el camino tampoco es quedarse en ninguno de los dos extremos. Como me dijo Jessica Maung casi sobre el cierre de la charla: "No estamos hablando de estética, estamos hablando de que el cuerpo funcione como tiene que funcionar". Una frase que, creo, resume bastante bien por qué el tema dejó de ser solo una preocupación de fisiculturistas y pasó a ser parte de cualquier conversación seria sobre salud.

VY
Valeria YacanteSociedad y vida cotidiana

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