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JUE, 15 OCT 2026
Turismo

Croquetas de calabaza y queso gouda: una versión sin bechamel que se sostiene con doble rebozado

A unos cuatrocientos kilómetros al sur de la capital del espárrago verde, en plena región pampeana, la calabaza de estación encuentra en estas croquetas una salida de apuro: la masa se arma con puré, cebolleta, ajo y parmesano, y el relleno es un cubo de queso gouda que se derrite al freír. El doble rebozado en pan rallado y huevo resuelve el principal problema de una preparación cremosa que, sin harina ni manteca, tiende a abrirse en el aceite.

AP
Ana Paula CarrizoTurismo y ambiente · · lectura 3 min
Croquetas de calabaza y queso gouda: una versión sin bechamel que se sostiene con doble rebozado

La cocina hogareña argentina incorporó hace ya varias décadas a las croquetas como una preparación habitual de la merienda o de la entrada fría, casi siempre asociada a la bechamel clásica. La versión que circula desde hace algún tiempo entre los lectores de este portal prescinde de harina y de lácteos en la base, y construye la masa directamente sobre un puré de calabaza cocida en microondas hasta lograr una textura homogénea, que luego se trabaja en sartén junto con cebolleta y ajo rehogados en aceite.

De acuerdo con el material consultado, el procedimiento comienza con la cocción de la calabaza en microondas durante alrededor de diez minutos, hasta que la pulpa resulta lo suficientemente tierna como para ser aplastada sin dificultad. Una vez en la sartén, junto con el sofrito previo de cebolleta y ajo, se reduce sobre el fuego hasta convertirse en un puré espeso, al que se incorporan dos cucharadas de queso parmesano en polvo, sal y pimienta. El parmesano cumple en esa etapa un doble papel: aporta sabor y, sobre todo, colabora en la compactación de la masa sin restarle cremosidad.

El armado y el relleno

Antes de dar forma a las croquetas, la preparación debe enfriarse por completo. Con la masa todavía caliente, el modelado resulta prácticamente imposible, ya que la estructura no alcanza a fijarse y se desarma al pasar por las manos. Una vez fría, se toman porciones con las que se arma una especie de pequeña copa; en el centro se coloca un dado de queso gouda, que al freírse se funde hacia el interior y le da a cada pieza un corazón líquido.

  • Tomar una porción de puré ya frío y formar una copa con un hueco en el centro.
  • Ubicar dentro un cubo pequeño de queso gouda, o de cualquier queso semiduro que funda bien.
  • Cerrar la masa con cuidado, asegurando que el relleno quede completamente cubierto.
  • Pasar la pieza por pan rallado, luego por huevo batido y finalmente por pan rallado una vez más, para conseguir la doble cobertura.

Fritura y servicio

La fritura se realiza en aceite abundante y bien caliente, por tandas, hasta que cada croqueta alcanza un dorado parejo por todos sus lados. Una vez fuera del aceite, conviene escurrirlas sobre papel absorbente para retirar el excedente de grasa antes de llevarlas a la mesa.

La receta no demanda ingredientes difíciles de conseguir ni pasos técnicos complejos. La calabaza, protagonista otoñal por excelencia en los mercados del centro del país, es la base de la preparación, y el queso gouda admite ser sustituido por cualquier variedad semidura que tenga un buen comportamiento al fundirse. El resultado, según describe el material de referencia, funciona tanto como aperitivo de una comida principal, como así también como cena ligera si se acompaña con una ensalada de hojas verdes. Desde este espacio, y como cada semana, se invita a los lectores a compartir en los comentarios qué otros rellenos suelen utilizar para preparar croquetas sin bechamel, una variante que suma adeptos a medida que avanza el otoño.

AP
Ana Paula CarrizoTurismo y ambiente

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