Cinco hábitos diarios que ayudan a salir del pozo del agotamiento laboral, según una especialista en hormonas
La nutricionista naturópata Jessica Shand explicó que el burnout combina agotamiento físico y mental, y propone medidas que pasan por la mesa, la cama y el reconocimiento de los propios ritmos.
Me encontré con esta conversación una mañana de lunes, mientras el café se enfriaba en la taza y el teléfono no paraba de sonar. En la pantalla, la nutricionista naturópata Jessica Shand, autora de The Hormone Balance Handbook, describía algo que muchos lectores de 40 a 60 años reconocerán al vuelo: el agotamiento laboral no es un simple cansancio pasajero, sino un cuadro que combina fatiga física con una especie de niebla emocional que cuesta mucho sacudirse.
Según Shand, la exposición prolongada al estrés activa de forma sostenida la producción de cortisol, la hormona que el cuerpo libera ante situaciones de alerta. Cuando esos niveles se mantienen altos durante semanas o meses, el organismo entra en una lógica de supervivencia: prioriza lo urgente y va dejando en segundo plano funciones básicas como la digestión, el descanso reparador y el equilibrio reproductivo. El resultado suele ser un cóctel conocido: cansancio continuo, dificultad para dormir, cambios de humor y esa sensación amarga de no recuperarse ni siquiera después de un fin de semana largo.
Cinco claves para empezar a desarmar el burnout
Frente a ese panorama, la especialista propone cinco hábitos que pueden incorporarse a la rutina diaria sin grandes desembolsos ni heroicidades. Todos coinciden en una idea: volver a lo básico, darle al cuerpo señales claras y sostenidas en el tiempo.
- Sostener horarios regulares de comida, con proteínas completas, grasas saludables y carbohidratos complejos en cada plato, para evitar los picos de glucosa que profundizan la irritabilidad y la falta de concentración.
- Cuidar la calidad del sueño con una rutina previa a acostarse: un baño con sales de magnesio, una infusión sin cafeína o unos minutos de escritura funcionan como señales que separan el día laboral del descanso.
- Sumar plantas asociadas a la relajación, como manzanilla, lavanda, toronjil y pasiflora, siempre dentro de una rutina nocturna y sin reemplazar la consulta médica.
- Evaluar con un especialista el consumo de adaptógenos como la albahaca sagrada y la ashwagandha, sustancias empleadas para mejorar la tolerancia al estrés, sobre todo si hay embarazo, lactancia, enfermedades preexistentes o tratamientos farmacológicos en curso.
- Reconocer los propios ciclos de energía a lo largo del mes, identificar en qué momentos el cuerpo rinde más y planificar las tareas más exigentes en esas ventanas.
Shand fue clara al cierre, y esa frase me pareció la más importante de toda la charla: “El agotamiento sostenido no se resuelve con un fin de semana largo, sino con señales diarias y consistentes que el cuerpo pueda empezar a reconocer como seguras”. Una advertencia que vale la pena tener a mano: ninguna de estas recomendaciones reemplaza la consulta médica ante síntomas persistentes, sobre todo cuando el cansancio se vuelve crónico o aparece acompañado de ansiedad, insomnio o bajo estado de ánimo.
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