Boiúna: la serpiente que se anima a dar miedo en serio
La película amazónica rompe el pacto irónico del subgénero de monstruos gigantes: se toma su tiempo, se muestra solemne, y construye tensión sin pedirle permiso a nadie. Un estreno de Halloween que cumple lo que promete y, de paso, vuelve a incomodar.
(Les confieso algo: cada vez que aparece una película de serpientes gigantes en mi pantalla, preparo el control remoto y la cara de fastidio. Es un subgénero que suele vivir del guiño cómplice, del personaje que sabe que está en una ridiculez y actúa en consecuencia, del golpe de efecto barato que ya vimos quinientas veces. Por eso Boiúna me agarró desprevenido: no quiere ser la excepción irónica a la regla. Quiere ser la regla, a secas, y tomarse a sí misma con una seriedad que asusta más que la propia culebra.)
La ópera prima dirigida por Daniel Abreo y Flavio Tambellini construye su apuesta alrededor de la Boiúna, figura central del folklore amazónico: una serpiente gigante asociada a la oscuridad, al agua y a la mala suerte. La película se toma su tiempo antes de llevar a sus protagonistas a la jungla. Presenta la mitología de la criatura, desarrolla a los personajes y deja que se entiendan sus motivaciones. Para quien busca ritmo frenético desde el arranque, esa paciencia puede resultar incómoda. Para los demás, es capital narrativo que paga dividendos cuando llega la acción.
Una criatura que aparece cuando tiene que aparecer
Las secuencias de acecho son sucias, físicas y con tensión real: la serpiente comparte amenaza con cocodrilos, arenas movedizas y una selva que no perdona. La criatura aparece en dosis controladas, estrategia que disimula las limitaciones propias del bajo presupuesto y, sobre todo, mantiene el misterio. Los conflictos entre personajes son funcionales aunque no memorables; las actuaciones sostienen el tono sin salirse del registro de la serie B; y las muertes cumplen su función sin aspirar a convertirse en escenas de culto.
- Rompe el pacto irónico del subgénero: no hay guiño a cámara ni slapstick.
- Construye tensión con paciencia antes de soltar a la criatura en serio.
- Reserva a la Boiúna para los momentos justos, en lugar de gastarla en el primer acto.
- Trabaja con honestidad dentro de coordenadas de bajo presupuesto.
- Apuesta para Halloween: ideal para quien busca tensión sin renunciar a cierta solidez narrativa.
Boiúna no disimula lo que es: una película de bajo presupuesto dentro de un género acotado. Su mérito está en haber trabajado con esa honestidad como bandera, sin pedirle permiso al espectador para tomarse en serio. La moraleja es previsible y la estructura no sorprende, pero la ejecución supera lo que el material parecía prometer en el papel. Y, como en las mejores chayas del norte, lo que parece simple tiene más miga de la que aparenta: vidala que no se apura, pregona lo que sabe sin alzar la voz.
La pregunta del cierre queda picando: ¿le suma o le resta a una película de terror tomarse en serio sin pedir disculpas? Mi respuesta, después de verla, es que le suma todo. Ir a verla con paciencia, dejarse llevar por el ritmo selvático y, sobre todo, no ir mirando el reloj esperando que arranque: ese es el pacto que propone Boiúna, y conviene firmarlo antes de que la oscuridad nos encuentre. Función recomendada: la del viernes a la noche, con pochoclo y pocas expectations. Después me cuentan.
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