Bajar de peso no es solo fuerza de voluntad: por qué sumar apoyo psicológico puede cambiar el resultado
La evidencia científica y la OMS coinciden en que los tratamientos que incorporan acompañamiento emocional y conductual son más efectivos para sostener cambios en el tiempo. Claves de un abordaje que contempla la genética, el estrés, el descanso y la relación de cada persona con la comida.
Conocí a Laura en la sala de espera de un consultorio de nutrición en el barrio de Belgrano. Tenía 52 años, dos hijos adolescentes y un historial largo de dietas que empezaban el lunes y terminaban el viernes. Me dijo algo que se me quedó grabado: 'Hago todo bien durante unos días y después pasa algo en el trabajo, o discuto con mi marido, o simplemente no duermo bien, y termino comiendo lo que encuentro en la heladera a las once de la noche'. Laura no estaba describiendo un problema de falta de voluntad. Estaba poniendo en palabras algo que la ciencia viene sosteniendo hace rato: bajar de peso y, sobre todo, mantenerlo en el tiempo, no depende solo de comer menos y moverse más.
Cuando los tratamientos se limitan a dar pautas de alimentación y ejercicio sin contemplar los factores emocionales y conductuales, los resultados suelen ser difíciles de sostener. El hambre, el descanso, el estrés, el estado de ánimo, la genética y el entorno alimentario inciden de manera directa en la relación con la comida y en la posibilidad concreta de mantener los cambios a largo plazo. Ignorar esa parte del mapa es, en gran parte, condenar el esfuerzo al fracaso.
Lo que dice la evidencia
La Organización Mundial de la Salud sostiene que la obesidad surge de la interacción entre una susceptibilidad biológica y las influencias ambientales y psicosociales que rodean a cada persona. Por eso recomienda una atención multimodal, es decir, un abordaje que integre intervenciones conductuales, nutricionales, psicológicas y médicas, adaptadas a las necesidades de cada paciente y no a un molde único.
En la misma línea, un metaanálisis que revisó 37 estudios, incluyendo 21 ensayos clínicos aleatorizados, encontró resultados favorables de las intervenciones psicológicas frente a los abordajes mínimos o habituales en el manejo del peso. La terapia de aceptación y compromiso fue la que presentó la evidencia más consistente de eficacia en el seguimiento posterior a los 18 meses, según el trabajo publicado en la revista Obesity Reviews. La Sociedad Europea de Cardiología, por su parte, plantea que el tratamiento de la obesidad requiere un abordaje prolongado que combine alimentación, actividad física y aspectos psicológicos, orientado a cada persona y desarrollado en el tiempo.
Genética, metabolismo y cerebro: por qué no a todos les funciona lo mismo
- Ciertas variantes genéticas influyen en los mecanismos cerebrales que regulan el hambre y la saciedad, y eso explica por qué hay personas que sienten más apetito o menos satisfacción al comer que otras.
- Otras variantes intervienen en el metabolismo, es decir, en la forma en que el organismo usa y almacena la energía que consume.
- Estas diferencias ayudan a entender por qué personas con planes alimentarios similares pueden obtener resultados muy distintos, y por qué la comparación con el otro suele ser tan injusta como inútil.
El estado emocional y el nivel de cansancio, además, afectan de manera concreta la capacidad de sostener decisiones vinculadas con la alimentación. Los especialistas coinciden en un punto clave: ante un episodio en el que uno se sale del plan previsto, una respuesta rígida suele generar la sensación de haber perdido el control por completo, y eso a veces deriva en comer de forma desinhibida, como una manera de terminar de 'romper' el proceso. Una respuesta más flexible, en cambio, permite reconocer ese episodio sin interpretarlo como el abandono definitivo del camino emprendido. Es, ni más ni menos, la diferencia entre tropezar y dar por concluida la marcha.
“Los tratamientos que no contemplan lo emocional suelen dejar a la persona sola frente a la frustración, y ahí es donde todo se derrumba.”Laura, paciente entrevistada
Comentarios
0Todavía no hay comentarios. Sé el primero.
Corriente Rioja