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MAR, 06 OCT 2026
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Adiós a la abuela cocainómana: se fue Zulema Galperín y queda su risa en la pantalla

La Asociación Argentina de Actores confirmó la muerte de la actriz a los 90 años. Había llegado a la actuación en los años noventa, después de una vida entre papeles administrativos, y se construyó un lugar propio en la televisión, el cine y el teatro, con un personaje absurdo que la volvió inolvidable.

GB
Gonzalo BazánCultura y espectáculos · · lectura 3 min
Adiós a la abuela cocainómana: se fue Zulema Galperín y queda su risa en la pantalla

Hay carreras que empiezan tarde y, sin embargo, dejan una marca tan profunda que parecen haber estado siempre ahí. La de Zulema Galperín es uno de esos casos que dan ganas de aplaudir de pie: se acercó a la actuación pasados los sesenta, cuando casi todo el mundo ya colgó los sueños en el perchero, y se las arregló para colarse en la memoria colectiva con una energía que tiraba abajo cualquier plan de jubilación tranquila.

La Asociación Argentina de Actores y Actrices comunicó su fallecimiento a los 90 años. Galperín había nacido el 18 de abril de 1936 y durante décadas se dedicó a tareas administrativas, hasta que en los años noventa se sentó en el taller de Entrenamiento Teatral del Teatro Regio. A partir de ahí no paró: teatro, cine, televisión, plataformas y hasta publicidad. La suya fue una segunda vida profesional, de esas que confirman que nunca es tarde para empezar de nuevo.

De oficina a cámara

Su currículito televisivo es de esos que asustan por lo variado: pasó por Poliladron, Verdad consecuencia, Primicias, Epitafios, Viudas e hijos del rock and roll, Buenos chicos y la miniserie En París. También se acomodó en la pantalla grande con títulos como Puan, La extorsión, Los justos, Eva Perón, Pacto de silencio, Blindado, Los adoptantes y La estrella roja. Y cuando la televisión se mudó a las plataformas, ella se mudó con ella: participó de Nada, Envidiosa, El tiempo de las moscas y Gutiérrez is mai neim.

En 2021 se sumó a Superhéroes y heroínas urban@s, una miniserie que nació de un taller de la Fundación SAGAI, y compartió el capítulo La página en blanco con María del Carmen Simari y Mirta Calza Citín. La entidad la tenía afiliada desde el año 2000 y, al despedirla, recordó su compromiso con el oficio y su interés por la formación permanente.

(Acá es donde la historia se vuelve francamente delirante, y a mí, personalmente, me arranca una sonrisa de oreja a oreja.)

La Abuela cocainómana y el colectivo-teatro

Si hay algo que la volvió popular entre los más jóvenes fue su personaje junto a Sebastián Presta en Duro de domar, el ciclo que conducía Roberto Pettinato. La dupla interpretaba los sketches de Préstico, y ahí apareció la célebre Abuela cocainómana, una señora con cara de ángel y un estado alterado permanente que se transformó en una de las criaturas más queridas (y más citadas) del humor de los años dos mil. El personaje cruzó generaciones y sigue siendo, para muchos, la puerta de entrada a la figura de Galperín.

Su veta teatral tuvo capítulos inclasificables. En Fango negro, escrita por José Gabriel Núñez y dirigida por César Sambataro, actuó dentro de un colectivo que circulaba por la ciudad de Buenos Aires: el público tomaba la función como si fuera un viaje de la línea cualquiera, con sus paradas, sus personajes y su drama a bordo. La obra la presentó el grupo Clan-Destino y es de esas experiencias que uno no sabe si recomendar o avisar que se prepare. También pasó por Motivos para levantarse por la mañana, de Germán Akis y Raúl Baroni, en el Teatro Arlequino.

Como en una vieja copla del noroeste, uno se queda repitiendo que "la vida es una vidala que se canta andando": Zulema se subió tarde al escenario, pero lo caminó entero, con oficio y con humor, que es la mejor manera de cruzarlo.

Qué mirar para despedirla

  • Puan, la película de María Alché y Benjamín Naishtat, para verla en un registro más contenido y comprobar que se bancaba cualquier tono.
  • Algún capítulo suelto de Chiquititas o Gasoleros para reencontrarla en pleno horario central.
  • Los sketches de Préstico en Duro de domar, que circulan por YouTube, y donde la Abuela cocainómana sigue haciendo de las suyas.
  • Si aparece la oportunidad, no dejen pasar la experiencia de Fango negro cuando vuelva a rodar: el teatro-colectivo es una rareza que merece vivirse al menos una vez.
GB
Gonzalo BazánCultura y espectáculos

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